CORRE, ESTAMOS SOÑANDO

Creo que Resident Records debería empezar a pagarnos un bonus por publicidad encubierta

El 18 de Octubre salió el último disco de M83 (aka Anthony Gonzalez, de la gloriosa ciudad de Antibes), titulado ‘Hurry Up, We’re Dreaming’ (pillas ahora el brillante y cómico título?) y podría decirse que es la mandanga mas potente, épica e impresionante que he escuchado en los últimos 5 años.

El disco esta compuesto por dos CDs con 11 canciones en cada uno, (eso se llama doble-disco u double disc si eres un pagano hereje) asi que hoy sólo nos centraremos en el primer disco.

Todo empieza por el principio, (como es obvio) con una canción llamada ‘Intro‘ (como es aun más obvio) que empieza suave pero poco a poco va acumulando energía, como una especie de bola de nieve que va creciendo, y de vez en cuando suelta rayos de voz y sintetizador, mientras sigue creciendo permanentemente, hasta explosionar en una onda expansiva de ecos, tambores y coros que te dan a entender que si esto es sólo la introducción, es muy poco probable que conserves tu ropa para cuando llegues a la quinta canción. Simplemente te das cuenta de que esta mierda es más grande que tu, que yo y que todo lo que hemos conocido jamás.

Tras la explosión, hay unos instantes de calma para que recuperes el aliento, antes de oír los electrizantes gritillos del principio de ‘Midnight City‘, canción que es oficialmente un sustitutivo válido del café y la cocaína.

Reunion‘ empieza ligeramente más convencional que las anteriores, pero pronto aparece la voz melancólica y aguda de Anthony, que rompe en un coro bailongo de ecos ligeramente de estadio. Si sois oyentes habituales de M83, reconoceréis en el bajón la típica voz femenina que habla con calma en las partes más tranquilas de algunas canciones (como hacía en ‘Graveyard Girl‘).

Tras estas tres canciones excitantes, aparece ‘Where The Boats Go‘, un interludio de menos de 2 minutos que te envuelve y te abraza mientras lentamente te sumerges en el disco y te acomodas para el viaje que te espera con las restantes 19 canciones que te quedan en total.

Un pianillo te lleva lentamente a ‘Wait‘, que es la primera canción que no te incita a mover las rodillas como un adicto al extásis con mono, sino que te mece con una guitarrilla y una voz etérea envuelta en ecos, hasta que poco a poco empieza a soltarse y a evolucionar en algo más grande y bonito.

De ahí pasamos a una de las canciones más molonas del disco, que os puede o molar extremadamente, u apestar de igual manera. ‘Raconte-Moi Une Histoire‘ son 4 minutos en los que una niña de cinco años cuenta una historia bastante psicodélica sobre una rana y sus poderes mágicos mientras de fondo la musiquilla adorna el relato con un ritmillo que va aumentando poco a poco. Cuando llegas a esta canción te das cuenta de que lo que estás escuchando no es un disco cualquiera, ni siquiera es música, es una especie de viaje sentimental a tu infancia, es como revivir una experiencia que habías olvidado, es una forma de recuperar tu estado mental de simpleza y felicidad que tenías con seis años a través de un viaje épico.

Raconte-Moi Une Histoire‘ empalma con otro interludio, ‘Train to Pluton‘ (que dura menos de 90 segundos) y de ahí apareces en ‘Claudia Lewis‘. ‘Claudia Lewis‘ arranca con más desgarros vocales del bueno de Anthony, y al poco tiempo rompe en otro estribillo de dimensiones interplanetarias y ecos de grandeza. La particularidad de esta canción es que incluye un bajo muy funk, casi a lo Justicia, y en un momento de bajón, aparece un breve sólo de bajo que parece haber sido recortado del final de ‘DVNO‘.

Al acabar ‘Claudia Lewis‘, empieza suavemente ‘This Bright Flash‘ que en menos de un minuto explota en… el equivalente musical de un flash muy brillante. Dura menos de dos minutos y medio.

Cuando recuperas la vista después de ‘This Bright Flash‘, otro interludio (‘When Will You Come Home‘) te proporciona un minuto de calma y tranquilidad para acolcharte antes de la última canción del primer CD: ‘Soon My Friend‘.

Una guitarrilla acústica rompe el silencio y empieza a crear una melodía que podría ser confundida con algún rollo parecido a Arcade Fire, mientras Anthony emite sus cánticos rodeados de eco y coros, en un tono ligeramente solemne, mientras por detrás suena una orquesta sacada de la banda sonora de alguna película de aventuras.

Cuando acaba la última canción tardas un rato en recuperar la consciencia y piensas “coño! por qué ha tenido que acabar?”. En ese mismo instante recuerdas que te queda todo el segundo CD y eres feliz.

MAGIC N

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