PALIZA CON ANTORCHAS: FASHION NIGHT OUT

Por MAGIC N, escrito el viernes 7 de Septiembre.

Mientras escribo esto, sentado frente a la computadora con una resaca del infierno, me resulta imposible negar los parecidos que tenemos Hunter S Thompson y yo. Si a él le mandaron a Las Vegas a hacer un reportaje, yo, su equivalente suburbano madrileño (por lo tanto ligeramente superior) fui enviado a investigar la Fashion Night Out que tuvo lugar anoche.

Cuando digo “fui enviado” quiero decir que había quedado en un bar y Serrano se cruzaba en mi camino asi que, acompañado por mi secuaz G. Coast, decidimos adentrarnos en la jungla de adolescentes, fashion blogers y patanes en general mientras gritábamos “LA ELEGANCIA ESTÁ EN LOS COMPLEMENTOS!” y tosíamos por la nube de perfumes que te atacaba los ojos y la garganta. También decidimos practicar nuestra imitación de Miguel Noguera mientras decíamos “una rave tan LOCA!” haciendo que las señoras se giraran mirándonos con desaprobación.

Aparte de nuestros actos de jodida rebeldía extrema comparables con Pussy Riot (podríamos empezar a ser Polla Riot), nos dedicamos a vagar por ahí rumbo a nuestro destino mirando a la gente como los niños miran a los elefantes en el zoo.

La mayoría eran adolescentes aspirantes a salir algún día en Teen Vogue, pero meterte con una niña de 13 años es tan fácil y poco gracioso como meterte con los cristianos o los homosexuales, ya se ha explotado el tema, asi que a ellas las pasaremos por alto. Lo que más grima daba era ver al nivel al que esta gente se había arreglado.

Vas a pasear por una calle de noche viendo tiendas, no tienes porque disfrazarte de arriba abajo y ponerte un conjunto que has preparado al milímetro y que en tu cabeza tienes etiquetado como “mi conjunto para la Fashion Night Out“, en el que has invertido todos tus esfuerzos intelectuales para intentar parecerte lo máximo posible a Eugenia Silva, mientras sonríes porque por una vez puedes ponerte tu puñetera blazer negra sin sentirte ridícula.

Eso me recuerda a mi segunda preocupación: todo el mundo iba muy arreglado pero todas las tías visten igual! Es como si existiese una especie de regla no escrita por la cual solo hubiesen tres conjuntos sobre la faz de la tierra y tuviesen que elegir uno. Modelo A, modelo B y modelo C, no te salgas de esta mierda, sería peligroso.

Por lo tanto, el objetivo secundario, el instinto subyacente que susurraba en el trastero de tu cerebro “bueno a lo mejor engañas a alguna lectora de Teen Vogue en los 20 minutos que vas a pasar a aquí y te entretienes un rato”, se va a la mierda cuando estas rodeado por hordas de niñas pre-púberes, uniformadas con blazers negras y con los ojillos abiertos de par en par mientras los focos de los escaparates reflejan en sus pupilas desorbitadas.

En medio de las manadas de tinéiyers destacan como mamuts o yeguas de carga, las madres. Esas señoras de piel como el cuero, una variante de perfume el triple de agresiva y jodida que la de su hija, una cara que parece haber sido moldeada a partir de unos trozos de cartón y que juzga con una mirada digna de la Inquisición. Pero para una mejor comprensión de este tipo de criatura, tengo que dirigiros a lo que escribió Deathqueta hace unos meses donde analiza a estos seres.

Por último, la única presencia varonil en el evento (que rondaría al 3% del total) eran dos tipos de hombre. O bien el marido/novio/hermano/pagafantas sometido a la que yo considero una de las actividades más degradantes de nuestro sexo, que es el tener que hacerle fotos a tu pareja sentimental cada 8 metros, según el poster callejero junto al cual la tía que te tiras quiera retratarse; o bien, un tipo de homosexual de colegio católico privado, cuyo mejor amigo siempre ha sido su madre, que en los últimos años ha conseguido salir del armario para ocupar el arquetipo de reciente creación que es el de “marica del Barrio de Salamanca que acompaña a las señoras a comprar ropa, tiene un supuesto buen gusto y un humor tan frívolo como el de las amas de casa que no son más que quinceañeras destrozadas por el tiempo“.

G. Coast tuvo el honor de oir una conversación ajena entre dos invertidos, en la que, con una gesticulación digna de un sordomudo, uno le preguntaba al otro si sus labios eran reales u operados.

Ese tipo de percal.

También tendría que añadir que en medio de ese desfile madrileño, pulcro, cristiano, contenido y casto, destacaban dos gogós que bailaban en un escaparate, ese tipo de tía que tiene como marcas negras de suciedad de garaje o de maquillaje corrido, tetas construidas con plastilina dura y unas caras tan exageradas y aumentadas que han perdido cualquier parecido con una mujer y ya merodean en el territorio de la transexualidad. Mientras todos aparentaban ser elegantes, educados y estirados, las gogós del escaparate eran el recordatorio de que en el fondo lo que les mola es la carne, el espectáculo barato; que bajo todas esas lecciones de las monjas y los curas, habían reprimido y escondido cualquier relación con el sexo hasta el extremo de que la abierta sobre-sexualidad de esas dos tías les atrajese como mosquitos al neón.

Asi que ahí estaban ellas, tres señoras madrileñas, respetables, señoras “bien”, que se mantienen en su clase, que son el objeto más preciado y vulnerable del hombre blanco, que representan el estandarte de la civilización como decía Frantz Fanon (acabo de referenciar a Frantz Fanon como el que cita a Lola Flores, esta mierda de la universidad me empieza a permitir mentir por encima de mis posibilidades), plantadas frente al escaparate de las gogós, atraídas por la hiper-sexualidad de unas empleadas que representaban todo lo que ellas desconocían pero que habían aprendido a desear dentro de las enseñanzas de la cultura occidental del hombre blanco (a quien no le gustan las tetas).

Ese párrafo esta muy cargado y es posible que ahora mismo diese positivo en un control de alcoholemia, por lo que lo resumiré en una frase: las únicas personas que estaban plantadas mirando a las tías bailar eran tres señoras, entre ellas la que fue jurado de la Inquisición.

En fin, esas fueron mis impresiones de la Fashion Night Out en un paseo de 15 minutos rumbo a un bar.

Yop, al acabar de escribir esto
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