ANECDOTA NOCTURNA #3

Por RDO

Lo que voy a contar a continuación es privado y verídico (en su mayoría). Por lo tanto no daré nombres ni tallas de sujetador

La verdad es que no sabía muy bien como titular esta anécdota. Estaba entre “Mi gran pedo danés” que me recuerda a una versión gaseosa y nórdica de “Mi gran boda griega” o “Resacón en Roskilde” que es más bien un nombre flojo tirando a mega-mierder. Tras unos minutos de reflexión y con relación a la historia he decidido llamarla: “Hay una rubia congelándose en mi cama“.

Iba a ponerme meta linguístico pero iré directamente al grano. Era viernes y como la mayoría de viernes en Dinamarca el sol estaba de copas a las 4 de la tarde, así que nosotros hicimos lo mismo. Resulta que la vida erasmus es bastante dura. No nos valía con tener una fiesta por la noche, teníamos que organizar una pre-fiesta en la residencia. Sobre las 6 de la tarde mi cuerpo ya había ingerido unas 4 cervezas, pero son cervezas de las baratas baratas así que cuentan la mitad. A las 6.30 ya tenía 6 en mi cuenta personal así que decidí que la mejor idea sería liar un soldado de la psicodelia. Ahora se suceden una serie de charlas, algunas interesantes y otras a evitar, la mayoría con gente que no había visto en mi vida. Durante estas conversaciones puedes lucirte en el arte de la exageración e inventarte cualquier chorrada, para que la conversación no te acabe incitando al suicidio. Hasta aquí nada especial, pero cuando llegó la hora de liar otro soldado psicodélico mi cuerpo se empezó a animar. Fuimos a mi cuarto, al final del pasillo. Fumamos con mucho cuidado mientras hablábamos de la vida en general y de la vida en particular. Al salir de mi cuarto sentía que la música me llamaba, al final del pasillo, iluminada se encontraba la mesa con la música. Unos segundo más tarde estaba sentado detrás del ordenador.

La gente movía el esqueleto con Breakbot y compañía. Yo como un niño pequeño me emocionaba con cada canción. Como si estuviera escuchando la radio y el DJ escogiera justo lo que yo quería. Por supuesto el “DJ” en esos momentos era yo, pero eso yo no lo sabía. La noche prometía, hasta que el dueño del ordenador apareció. Canis llenos de oros. Alemanes en Benidorm. Pendientes en el ombligo. Horror. La música pasó de celestial a mierder de nivel “hortera conduciendo un Clio del 93 con faldones, fuego y neones”. Pero mi estado de euforia anterior lo compensó. Seguí a mi bola, continuando antiguas conversaciones. La cerveza me dio ganas de usar el baño, de pronto mi cuarto se convirtió en el club de moda. Resulta que en la residencia no hay baños comunes y si quieres mear en una fiesta o te vas al jardín o al cuarto de alguien. Por supuesto me pareció una idea genial, ofrecer mi baño a algunos de los asistentes. Sobre las 11 había más cola que en un concierto de Justin Bieber cuando tenía el pelo largo. Así que tuve que sacar la tarjeta VIP y entrar por reservado. Una vez en mi cuarto resultó que los jinetes de la psicodelia se habían reunido, así que siguiendo la tradición india, pasamos la pipa de la paz. Al salir del cuarto ya no sabía muy bien si estaba en la residencia o en una estación espacial. Para estar seguro de que estaba en la tierra me uní al grupo de chupitos de ron. Tras el quinto trago la música sonaba como enlatada y la gente se había multiplicado, así que cual comunidad del anillo salimos en busca de fiesta.

La fiesta estaba más bien cerca y era cuesta abajo, así que no hubo problemas. Creo que no lo he mencionado antes, la fiesta era en la universidad. Es la fiesta anual de Roskilde y es como un micro festival, con productores y artistas bastante conocidos por estos lugares. Una vez atravesada la entrada nos encontramos con un amigo alemán que iba más pedo que Alfredo, así que fuimos al césped a echar el caldo. En Dinamarca si estás borracho puedes mear donde quieras. Tras ese pis, largo y cálido, los únicos recuerdos de la noche que tengo son en formato .gif Es decir que recuerdo una media de cinco fotogramas por minuto: Chupitos gratis. Drum and bass del malo. Más chupitos. Gente por los suelos. “Me he liado este hermoso soldado psicodélico pero fúmalo tu que yo no puedo”. “Deja de filosofar que me duele la cabeza de tanto pensar”. Lucy Love. Pintura fluorescente. Mi cara brilla. Que alguien me quite esto. Manos rosas de neón. Más alcohol (gratis) ¿Dónde está todo el mundo? (tenéis que imaginar esas frases como gifs)

Estaba perdido. Así que decidí buscarme un rincón para bailar a mi aire. Al haber pasado algo de tiempo mi estado era un poco más aceptable así que empecé a tomar decisiones. Me pedí una copa. Acabé de tomar decisiones. Me encontré con una chica de mi clase. Nunca había hablado con ella, así que ejercitando uno de los poderes del alcohol me lancé. La verdad es que no recuerdo mucho qué fue de lo que hablamos, pero al segundo ya estábamos bailando. Me acabé la copa y en ese momento los dos nos convertimos en amebas balanceadas por ondas sonoras. Por alguna extraña razón los fragmentos de memoria que no están dañados me dan la sensación de que durante las horas que pasé con esta chica, nos comportamos como una pareja. Pasé el resto de la fiesta con ella, moviéndonos de lado a lado sin saber muy bien qué hacíamos. Como ya he dicho mi memoria está terriblemente dañada así que no recuerdo más.

8:39 am decía mi reloj. Me dolía la cabeza. Seguía borracho. Al girar la cabeza vi que había una chica a mi lado, no tenía manta y se estaba pelando de frío. Me dice que si sabía quién le había cogido la manta. ¿Cómo? Me dijo que le había dado una manta extra, pero que alguien se la quitó en mitad de la noche. En esos momentos no entendía nada de lo que me estaba diciendo, ni siquiera me extrañé al verla. Así que le di mi manta y seguí durmiendo. Al rato muerto de frío fui al baño, me aclaré la cara y volví a la cama. ¿Cómo narices había acabado esta en mi cama? ¿Quién es? ¿Dónde está su manta? Me moría de frío así que me puse el abrigo y me tumbé en la cama. La chica se levantó, me tocó el hombro y abrí los ojos. No veía nada, estaba sin gafas. Me levante y la acompañé, me despedí de ella sin verle la cara y me volví a la cama. Cómo me dolía la cabeza. A las tres de la tarde amanecí, esta vez de verdad. Encontré las gafas y unas horas más tarde empecé a recordar, todo lo que acabo de escribir ahora más el nombre de la rubia que durmió conmigo.

PD: Creo que la próxima borrachera la grabo con GoPro y así me ahorro tener que hacer ejercicios de memoria para recordar nombres.

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