MI RIÑÓN ME OBLIGÓ A MATAR

Por MAGIC N

Quiero agradecer la labor de Mariló Montero, no solo como periodista, madre, mujer y mejor persona, sino como una especie de Juana de Arco/Marie Curie de nuestra época, una mujer que ha conseguido (por fin) plantear una pregunta candente y polémica en nuestra sociedad:

¿Pasa algo por llevar el órgano dentro de ti de alguien que ha matado a otros?

¿Son los órganos capaces de transmitir el alma de sus dueños anteriores? ¿El hecho de recibir un órgano me convertirá en su anterior dueño? ¿Heredaré alguno de sus rasgos?

Españoles, es hora de afrontar los hechos. Durante siglos hemos evitado esta incómoda pregunta. Basta de mentiras. No podemos seguir huyendo de este tema. El día ha llegado y Mariló ha sido la mujer que nos ha quitado la venda de los ojos.

Escribo esto porque quiero confesar un suceso de mi vida, un acto del cual no estoy orgulloso, pero que gracias a Mariló ha dejado de ser tabú y por fin puedo plantearlo en sociedad, sin mentiras ni tapujos.

Por fin puedo admitir que mi riñón me obligó a matar a un hombre.

Unos años atrás tuve unos problemas en el riñón. Una serie de complicaciones llevaron a los médicos a tomar la difícil decisión de realizar un transplante y otorgarme un órgano nuevo. Yo estaba feliz y pensé que estaría salvado.

Nada más lejos de la realidad. Mi infierno personal no había hecho más que empezar.

Los médicos me advirtieron de que iba a recibir el riñón de Jesús Gil, pero tonto de mí ignoré este hecho y, embriagado de soberbia, rechacé entre risas la teoría de la reencarnación en forma de órganos humanos. Gran error.

A los pocos días sentí como mi riñón lentamente iba haciéndose dueño del resto de mi cuerpo. Me empezó a salir tripa, me salió pelo en la espalda y hombros, mis pectorales (antaño tersos y definidos) se convirtieron en una especie de mamas caídas cubiertas por una suave capa de vello y mi pelo empezó a producir una cantidad anormal de grasa y a echarse solo hacia atrás.

Yop, a la hora del baño, una semana después del transplante.

Pero el cambio físico no fue lo peor. Mi riñón heredado de Jesús Gil empezó a influir en mi forma de hablar y en mis pensamientos. Empecé a llamar a mis amigos “facinerosos” o “roba-piedras” y desconfiaba de todo el mundo. Mi familia estaba preocupada porque en sueños decía cosas como “Soy el hombre más perseguido de España…” y fui arrestado en el supermercado de mi barrio porque de repente empecé a gritar con todas mis fuerzas “Voy a echar a todas las putas de Marbella!”

Pasé por una mala racha 😦

Una noche, mientras veía el fútbol en una tasca de la carretera de Burgos, uno de los clientes empezó a animar a favor del Real Madrid y a gritar cánticos e himnos. Yo ya estaba dominado prácticamente por el alma de Gil y la visión de ese individuo hervía mi sangre.

Esperé al final del partido, seguí al hombre al parking y allí le intenté pegar. Mi sobrepeso y completo desprecio por ejercicio físico me habían convertido en un ser extremadamente torpe, asi que no pude golpearle de lleno con mi puño, pero lo compensé gritándole “piojoso! golfo! mercenario!”.

Estaba fuera de mí.

Sentía como mi riñón susurraba a mi cerebro “venga… mátale… hazlo facineroso… venga culebra, acaba con él…”

Mis abogados me prohiben desvelar el desenlace de este relato, por lo que acabaré este post con un poema dedicado a Mariló Montero:

Gracias por todo Mariló Montero!

Que lo sepa el mundo entero:

Fui poseído por el riñón de Gil,

y me convirtió en un ser vil.

Suerte, saluz y órganos sin alma para todos.

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Un comentario en “MI RIÑÓN ME OBLIGÓ A MATAR

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