HOLLYWOOD Y LA FIGURA DEL PADRE

Por MAGIC N

Anoche vi Argo y mientras la veía, empecé a sospechar que Hollywood nos la está metiendo doblada.

Hace unas semanas leí un ensayo de un tío llamado Robin Wood titulado “80s Hollywood: Dominant Tendencies”. Lo busqué en Google pero no he conseguido encontrarlo; si alguien consigue posar sus zarpas en él, lo recomiendo, es exquisito. El tío cuenta lo siguiente:

A finales de los sesenta/principios de los setenta, la población jóven está terriblemente decepcionada con los adultos. Mayormente por fracasos como Vietnam, la segregación racial, el escándalo del Watergate, etcétera. Eso se ve reflejado en el cine de la época, en el cual muchas de las películas por primera vez (en el cine comercial) tienen como protagonistas a hippies o fugitivos o figuras contrarias al establishment. Peñículas tipo Easy Rider o Bonnie & Clyde o La Naranja Mecánica por ejemplo. A parte de esto, los adultos en muchas de las películas de este periodo son representados como figuras débiles, corruptas, vacías de contenido y caricaturescas. Como por ejemplo en El Graduado o Pequeño Gran Hombre (son las primeras que se me han ocurrido, pero hay minolles más). Por lo tanto, el cine proyecta esa desilusión y desconfianza de la juventud en sus padres/en las autoridades/en el gobierno.

Pero las autoridades no son estúpidas, asi que se proponen hacer algo para solucionar esto. En la segunda mitad de los 70, con Tiburón y Star Wars nacen los blockbusters o mayormente, las películas Hollywoodenses tochas como hoy en día las conocemos. Todas estas películas mega taquilleras y gigantes tienen algo en común: la recuperación y redención del padre. En Star Wars hay hasta tres figuras paternas (Obi Wan, Yoda y  Darth Vader) y hasta el mismísimo Darth Vader se acaba redimiendo como un tío legal. En Tiburón, el prota es un padre que salva a todo el pueblo. Maldita sea, hasta en Indiana Jones aparece de repente su anciano padre (Sean Connery) pegando tiros en un sidecar.

Había olvidado esto, pero sí, también en un avión.

En los 80s las películas se llenan de figuras paternas. De su rechazo en los sesenta y setenta, de repente vuelven a aparecer, siempre ofreciendo un fuerte abrazo y unas palmaditas en la cabeza rollo “ya pasó, ya pasó, he vuelto”, todo con el objetivo de conseguir que el público general recuperase la confianza en las autoridades y gobierno.

Esto sigue pasando en los noventa con ejemplos como El Rey León (tu ves esa peli y todo el jodido auditorio está deseando convertirse en el padre, y la peli no tiene final feliz hasta que Simba se convierte en un calco literal de su padre) o, el otro día me acordaba, de las pelis de Robin Williams. Robin Williams es un tío que siempre me ha caído muy mal (es como una especie de proto-twitstar, suelta una media de 200 chistes por minuto de los cuales, por pura estadística, uno tiene que ser gracioso) que siempre hace de padre desastre. Ese rollo de “oh, papá siempre está trabajando y no va a venir a mi partido de baseball!”. El ejemplo más claro de esta mierda es Hook, donde, literalmente, se pierde el partido de su hijo y parece un capullo absoluto hasta que vive unas aventuras, salva a sus hijos y se redime, recuperando de nuevo su respeto y obediencia.

“Antes era un imbécil pero he cambiado! Un poco! Mirad mi nueva camisa! Cool”

Por lo tanto hasta aquí todo claro non? Básicamente, todas las películas de Hollywood desde los 80 están creadas para que pienses “oh, mis padres en el fondo me quieren mucho, son muy listos, me protegen y debería callarme y comerme mis verduras”. Están ahí para protegerte y que puedas alargar tu infancia todo lo posible: “niño, no te preocupes por el mundo real, yo te protejo de él; tu sigue jugando con tus muñecos de Star Wars™ y tu Happy Meal™”. Sí, es cierto que tienen sus defectos y cometen sus errores, pero todas las películas son un viaje que el padre recorre desde perdedor repudiado por sus hijos a héroe. Las películas te enseñan a aceptar y obedecer a tus padres por muy imperfectos que te parezcan; no les cuestiones, que en cualquier momento se marcan un Robin Williams y te dejan el culo torcido. Además, todo es por tu bien.

Pasemos al presente: 2000s, principios de los 2010s.

En los últimos años hemos tenido guerras que no está muy claro si hemos ganado del todo (Irak & Afganistán), escándalos morales de todos los tamaños y colores (desde las fotos de Abu Ghraib hasta Bárcenas, pasando por Wikileaks, etc.), una crisis financiera relativamente tocha (dependiendo de cómo de alto estés en la cadena alimenticia) y algún que otro atentado (11S, 11M, 7J etc.)

No mola

Hasta cierto punto sería normal esperar algun que otro signo de descontento por nuestra parte hacia nuestros padres, las autoridades, los gobiernos, el mundo de los adultos, por haber cometido semejantes errores y ponernos en una situación en la que (por lo menos en España) el 55% de la población joven no tiene futuro.

Por lo tanto, podemos concluir que un gran número de jóvenes hoy en día, tienen muchos motivos para estar ligeramente resentidos hacia los adultos que han provocado esta situación.

No obstante, no pasa nada. Nadie se rebela, no hay un gran movimiento contracultural tipo los 60, la gente no se está radicalizando políticamente y todo sigue en orden.

(por favor, absteneros de mencionar cosas como 15M o #occupy, estoy intentando contaros algo serio)

Aquí es donde entra Argo y un montón de películas y series actuales: todas incluyen (cada una en cierta medida) un mensaje de “no me queda otra opción que hacer esto, pero lo hago por mis hijos“.

En Argo esto no es un gran tema narrativo, pero quizá justo por eso es más fácil de ver. El hijo de Ben Affleck en esa peli es un personaje perfectamente prescindible (creo que tiene una línea en toda la película), salvo que está ahí para darle a Ben Affleck un motivo para hacer su trabajo. Ben Affleck hace lo que hace por el bien de su hijo. De hecho (hmm deja de leer esta frase si no la has visto), sabemos que la película tiene un final feliz porque Ben Affleck se reune en la última escena con su retoño, a pesar de todo lo mal padre que ha podido ser antes (vive separado de su mujer, bebe y apenas ve a su hijo), salva a unos rehenes, se redime y se reúne con su hijo. La película acaba con Ben e hijo leyendo un cuento y la cámara panea a una estantería llena de figuritas de Star Wars (ya hablaremos de esta mierda un poco más adelante).

Papuchi empieza como un mierda, hace algo heroico y ahora volvemos a estar juntos. Viva papuchi.

Creo que es importante mencionar esto en Argo porque es una película popular que la Academia del Cine de Hollywood ha premiado como la mejor película de todo el 2012.

Papuchi lleva los pantalones

Otro ejemplo popular: Breaking Bad.

Breaking Bad, para los que no sepáis de qué va, versa sobre un profesor de instituto al que le diagnostican cáncer y se ve obligado a cocinar metanfetaminas para pagarse las facturas del hospital y evitar que su familia quiebre.

El protagonista se ve obligado a hacer todo tipo de mierda, pero justifica cada uno de sus delitos con la frase “es por la familia” o “por los niños”. ‘Toda esta mierda que he hecho, la he hecho por ti’, como una especie de justificación generacional por toda la mierda que vamos a heredar.

Papuchi te va a partir las piernas

Un ejemplo aún más claro: Taken.

Taken es Liam Neeson pegando tiros por toda Europa para rescatar a su hija. Papuchi me salvará, porque papuchi tiene los huevos como dos cabezas de enano y se marca esa frase al teléfono que por lo visto a la gente le pareció un momentazo.

Estos son los primeros ejemplos que se me han ocurrido, pero seguro que si le dedicáis 5 minutos podéis pensar varias películas hechas a partir del 2001 en las que el prota es un adulto blanco que comete un montón de crímenes/asesinatos/ilegalidades que le perdonamos porque lo hace por salvar a su hijo/hija.

La pregunta que nos hacemos todos es: merece ser salvada? No lo creo

Cuál es el efecto negativo de todo esto?

Una grave infantilización y atrofia mental en el juicio del público.

Esto ya pasa desde los 80 (como he mencionado antes), pero lo preocupante es que se está extendiendo hasta nuestros días e incluso intensificando. Mientras el mundo a nuestro alrededor evoluciona y cambia (como por ejemplo nuestros primos repudiados del mundo árabe), nuestra generación sigue hasta cierto punto con la pachorra, viendo películas que nos hagan sentir calentitos y cómodos en los brazos de padre y madre (en parte porque no nos independizaremos hasta los 34, asi que cuanto antes nos acostumbremos mejor). Mi sospecha es que este tipo de películas alargan la infancia/adolescencia más de lo normal (acéptalo, porque tu edad en inglés ya no lleve la palabra ‘teen‘ no quiere decir que no sigas actuando/pensando/viviendo como cuando tenías 17) y eso atrofia la actividad y la iniciativa individual de la gente.

Pero esa es una ligera sospecha que tengo y que no voy a desarrollar aquí porque entra más en política que en cine y cultura basura, que es lo que nos incumbe.

Esto es importante porque lo menciono en el párrafo de aquí abajo

A parte de mensajes paternalistas en las películas, Hollywood está encargándose de promover activamente la nostalgia. Personalmente estoy bastante en contra de la nostalgia, más que nada porque sigo teniendo como 15 años y para mí la nostalgia es Oliver y Benji y ver películas en pijama a las 9 de la mañana (algo que, ahora que lo pienso, no puedo decir que haya cambiado demasiado), por lo tanto creo que aun soy joven para sentir ningún tipo de nostalgia por nada.

Además creo que la nostalgia no solo es un sentimiento inútil sino perjudicial, porque qué sentido tiene ponerse a mitificar el pasado si tienes todo el futuro por delante. Es una pérdida de tiempo.

No obstante, Hollywood e Internet te quieren convencer de lo contrario. La nostalgia mola y aunque tengas menos de 25 años, deberías empezar a sentir nostalgia por los 80 y 90. Una época que es exactamente la que (como mencionaba al principio) promueve la redención de las autoridades a pesar de sus fracasos.

De ahí que exista una absurda moda internetil de la que te habrás percatado si eres uno de los más de 5 millones de usuarios mensuales de 9GAG, en la que alguien pone un montón de fotos de juguetes o mierda de los 90 y “you’re not a nineties kid if…” nose qué mierdas. Básicamente, se está creando una especie de culto a los noventa, al cual no puedes pertenecer a no ser que hayas sido un niño en los noventa (convirtiéndolo en el grupo más grande de la historia de la humanidad). Obviamente todo esto está bien apoyado en tumblr, donde la estética noventera-retro predomina. Busca ’90s tumblr’ en google y te saldrán 24 millones de resultados.

Pero aparte del mundo ficticio de Internet, la nostalgia ochentera/noventera también se promueve en las películas Hollywoodenses.

Por una parte están los homenajes tipo Super 8, que mayormente es una película de 1982 transplantada al 2011, con una especie de revival chungo de los cómics y las figuritas de acción.

Como he mencionado previamente, Argo acaba con un paneado de figuritas de Star Wars. Argo es un ‘thriller político‘ (aunque ahora le ponen la palabra ‘político’ a cualquier película en la que salgan tíos fumando con la corbata desabrochada y las mangas de la camisa remangadas), con lo cual está dirigido a un público mayor de 16 años como mínimo, pero sobretodo a gente de la edad del niño de la película (es decir, gente nacida en los setenta). A ellos les recuerda sus infancias ochenteras, bien empapadas de las películas paternales y refuerza todo esto con toda la memorabilia chorra de la época, es decir, los muñequitos de Star Wars.

Thriller político

Lo cual nos lleva al producto de esta estrategia Hollywoodense: el niño-adulto, caricaturizado por el gordo de la tienda de cómics de Los Simpsons, pero que es más real de lo que pensamos.

Es más real de lo que pensamos porque, si el gordo tenía Star Wars y Star Trek, los gordos de tienda de cómic de nuestra generación tienen El Señor de los Anillos 1, 2, 3; Star Wars (las nuevas), El Hobbit (también compuesta de tres películas distintas), Harry Potter 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8; Spiderman 1, 2, 3; Iron Man 1, 2,(y estrenan la tercera el año que viene); X-Men 1, 2, 3, 4, 5, 6 (y están preparando la 7); Hulk, Thor, Capitán América 1 y 2; Ghost Rider 1 y 2; The Punisher, Los Cuatro Fantásicos, y, la gran culminación de todo esto: Los Avengers.

Se promueve discretamente esta figura de niño-adulto, nostálgico por los ochenta/noventa, que, aunque no necesariamente posee cómics o juguetes, se alimenta principalmente de películas fantasiosas/de superhéroes cuyo metraje se compone de un 80% de explosiones, un 17% de tetas y un 3% de frases chulescas a lo CSI Miami. Este es el nuevo gordo de tienda de cómics, un niño-adulto que consume el mismo entretenimiento que los chavales de 13 años, a pesar de doblarles la edad.

A los mayores se les está inculcando una nostalgia ochentera mientras que a los pequeños se nos está intentando incorporar a ella a través de remakes de los mismos superhéroes que leía la generación anterior. Todo con el objetivo de crear una gran masa homogénea e infantil, porque ese es el tipo de espectador que da más dinero: el fan, o seguidor de culto, o como quieras llamar al descerebrado de turno obseso con una etapa de su pasado a la que es inviable retornar.

Por no eternizarme aun más, resumiré ligeramente lo que espero haber transmitido en las últimas 2000 palabras.

Dada la tormenta de mierda en la que estamos viviendo, Hollywood y el mainstream están recuperando la fórmula que usaron la última vez que la mierda chocó contra el ventilador allá por los 70/80. Lo hacen por una parte a través del mensaje inherente de sus productos (lo de “lo hice por mis hijos, merezco ser perdonado”) y a través de la promoción de la nostalgia, con el objetivo de infantilizar de nuevo al público para que aguante firme durante el chaparrón y no se nos suban a las barbas.

The Original Papuchi
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