MACAULAY CULKIN COMIENDO PIZZA

Macaulay Culkin comiendo pizza.

Al principio es solo eso. Macaulay abre una bolsa marrón y se saca un trozo de pizza, intuyo que cuatro quesos. Le echa un poco de orégano, dice que no sale (pero luego sale) y empieza a comer.

Entonces empiezas a ver a Macaulay masticar, con su mirada perdida y su pelo liso y mortecino. El silencio es incómodo para los dos (tú espectador y Macaulay) y puedes sentir como él te evita con su mirada melancólica y triste.

Asi que no puedes evitar pensar “por qué estas ahí Macaulay? Qué tipo de decisiones te han llevado a este lugar, a este momento?” Te das cuenta de que hemos sido injustos con Macaulay. Haces memoria de sus películas, de cuando era Richie Rich, de cuando era millonario, famoso, de cuando lo tenía todo por delante.

Macaulay, un niño que estuvo en la cima.

Pero luego te acuerdas de las fotos de él ya de mayor, de la decadencia, de cuando apareció en Brighton un martes para salir y lo único que quedó de esa visita eran unas fotos bizarras con gente que parecía vestida para una fiesta de animales, impresas en el papel húmedo de una revista de medio pelo que alguna inglesa alcohólica abandonó en la parada del autobús.

Entonces empiezas a preguntarte por qué él, Macaulay Culkin, y no tú, telespectador anónimo. Te replanteas tus propias decisiones, haces memoria sobre tus actos, sientes remordimientos.

Macaulay le arranca el borde a la pizza (a ti te gusta el borde? lo arrancarías así?) pero para estas alturas ya tienes la mirada clavada en la negrura de su camiseta, escuchándole masticar mientras piensas “por qué hice lo que hice? por qué hago lo que hago? quien soy?”

Él mastica lentamente pero sin parar, mientras tu buceas en lo más profundo de ti mismo, juzgando y examinando cada pequeña memoria que albergas en tu interior, y no puedes evitar llegar a la conclusión de “qué más da?”

En ese momento, Macaulay le da el último bocado a la pizza y arruga la bolsa. Te das cuenta de que el vídeo ya va a terminar, de que te vas a quedar solo con tus pensamientos porque Macaulay ya ha acabado, ya se tiene que ir. Pero entonces recuerdas tu última conclusión “qué más da?” y no puedes evitar asociarlo con el fin, con el fin del vídeo, con el fin de la carrera de Macaulay, con su futura muerte, con tu propia mortalidad.

Macaulay se queda un rato pensativo, digiriendo la comida mientras estas tentado de negar lo obvio, que todo va a acabar. Macaulay juega con tus sentimientos, como una especie de sustitutivo de la religión, te incita a pensar que no es el fin, que algo va a pasar, que no se va a ir, que no vas a tener que quedarte solo con tu insignificancia de mero mortal.

“My name is Macaulay Culkin and, uh, I just finished pizza”

Ni siquiera la musiquilla dura lo suficiente para darte consuelo, para recordarte que lo que has visto no es más que otro vídeo #viral de YouTube. No hay catarsis ni redención ni descanso ni consuelo.

Ya no hay vuelta atrás.

“I have wrestled with death. It is the most unexciting contest you can imagine. It takes place in an impalpable grayness, with nothing underfoot, with nothing around, without spectators, without clamor, without glory, without the great desire of victory, without the great fear of defeat, in a sickly atmosphere of tepid skepticism, without much belief in your own right, and still less in that of your adversary.” – Miley Cyrus, 2013

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