BILLONARIOS NEGROS: LA NUEVA IDENTIDAD DEL HIP-HOP EN EL S. XXI

Por MAGIC N

En mayo, Kanye West se casó con Kim Kardashian, el mismo día que Waka Flocka Flame se casaba con su señora. Ese mes también se anunció la gira de uno de los matrimonios más famosos del mundo, Beyoncé & Jay Z, y nació el primer hijo de Ciara y Future. Aparte de todo esto, Dr. Dre vendió Beats a Apple y se convirtió en el primer rapero en acumular más de mil millones de dólares.

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En sus orígenes, el hip-hop era música de huérfanos negros que vivían en zonas marginales de EEUU. Abandonados y criminalizados por el gobierno de Reagan, muchos recurrieron a la venta de drogas como única forma de supervivencia [1]. Toda esta situación viene bien resumida en Dear Mama de 2Pac asi que os pasteo un párrafo y me ahorro palabras:

I was lookin for a father he was gone
I hung around with the Thugs, and even though they sold drugs
They showed a young brother love
I moved out and started really hangin
I needed money of my own so I started slangin
I ain’t guilty cause, even though I sell rocks
It feels good puttin money in your mailbox
I love payin rent when the rent’s due

En una infancia sin padres, los raperos construyeron su masculinidad entorno al camello, al tío que había conseguido enriquecerse (moderadamente), que presumía de todo tipo de objetos lujosos [1]. Uno de estos objetos lujosos de los que hacían gala eran las mujeres, representadas en el hip-hop multiples veces como objetos anónimos y desechables [2], quizá en gran medida influenciados por el abandono que habían sufrido sus propias madres.

El giro que tuvo lugar en los 90, cuando el componente activista/social del hip-hop se sustituyó por el ‘glamour’ del camello, es parte de lo que Touré considera que es la traición mutua entre el hip-hop y Estados Unidos: la política blanca norteamericana creó el esterotipo del ‘criminalblackman’ [3], que muchos de los raperos adoptaron en los 90 para vender sus discos al público blanco y encajar en la imagen pre-establecida. Según Touré, este nuevo movimiento traicionó muchos de los valores tradicionales que predicaba el rap como el poder negro, la conciencia social, la denuncia y una onda un poco más productiva que rapear sobre cuantos fajos y mujeres tienes.

Es cierto que muchos raperos adoptaron el esterotipo del negro criminal: desde Notorious BIG hasta 50 Cent, pasando por Rick Ross, Jay Z o Lil Wayne, todos rapearon sobre enriquecerse siendo un camello. En vez de rebelarse contra este esterotipo, el hip hop lo abrazó y lo asumió.

No obstante, eso está cambiando.

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Recientemente, Jay Z y Drake tuvieron un beef un poco absurdo porque Drake se mofó de Mr. Beyoncé y sus letras sobre #arte.

Jay Z le contestó:

Silly me, rappin’ ‘bout shit that I really bought / while these rappers rap about guns that they ain’t shot / and a bunch of other silly shit that they ain’t got.

Jay Z es uno de los mayores millonarios del hip-hop, amasando alrededor de unos 500 millones de dólares. [4] Cuando sacó su último disco, lo hizo a través de una mierda de Samsung, un acuerdo que le hizo ganar unos $20 millones. Además de eso, sacó una linea de puros con Cohiba, creó su propia marca de ropa (que vendió en 2007 por $204 millones), compró y vendió una participación en un estadio de Brooklyn y al parecer ahora tiene su propia agencia de representación deportiva [5].

El caso de Jay Z no es un caso aislado en el mundo del rap: 50 Cent ganó unos $100 millones gracias a la venta de ‘Formula 50’, una especie de bebida vitamínica. Aparte de eso, sacó su propia linea de ropa, desodorantes, condones, cascos y hasta una productora cinematográfica [6].

Pero la culminación de este rollo ‘rapero-empresario’ es Dr. Dre y su marca Beats, vendida a Apple por $3000 millones, lo que le convertiría en el primer ‘billonario’ (según su significado anglosajón) del hip-hop [5]. Dre, nacido en Compton a un matrimonio que se separó cuando él tenía 3 años [8], quizá sea el máximo ejemplo de la llegada a la cima desde lo más bajo.

La figura del rapero-empresario ha conseguido rebelarse contra el estereotipo del ‘criminalblackman’; es muy difícil criminalizar a la raza negra en general si sus personajes más notables son millonarios con negocios legítimos.

Este es uno de los mayores cambios que está experimentando el hip hop y por lo tanto, la cultura occidental.

Jay Z ha pasado de rapear sobre ser un huérfano marginado que vende drogas, a hacer una canción llamada Picasso Baby en la que mayormente name-dropea artistas famosos durante varios minutos y que luego actuó durante 6 horas en una galería de arte [9].

Pero no solo el mito del criminalblackman está siendo refutado, también hay un cambio significativo en los matrimonios de Kanye, Waka, Future etc.

En Abril, Future y Kanye sacaron posiblemente la mejor canción del 2014: “I Won”, en la que rapean sobre sus esposas y las comparan con trofeos.

Como explica ‘Skinny Friedmann’ en Noisey (bajo la jodido exquista sección de “Thinkpieces And Shit“), aunque es innegable el machismo en la comparación mujer = objeto dorado, hay que reconocer el cambio en hacer una canción en la que, finalmente, las mujeres no son anónimas ni desechables: son mujeres únicas, las madres de sus hijos, con nombres y apellidos, a las que homenajean en una de las mejores tonadas del nuevo siglo [10].

Entre la nueva riqueza legítima de los raperos y su asentamiento en familias tradicionales, está claro que el discurso del rap basado en “bitches”, “crack” y “stacks” va a cambiar.

Entre los nuevos temas, quizá dos de los innovadores más populares sean Tyler, The Creator y Kanye West.

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Tyler es uno de los máximos exponentes de la cultura del siglo XXI (una frase que uso tanto que ya no se muy bien que mierdas significa). En sus dos primeros discos, Bastard y Goblin exploraba todo tipo de rincones oscuros, combinando chistes macabros con tonadas honestamente sentimentales y finas. El pavo conseguía que una canción sobre un stalker que espía a una tía a través de su ventana fuese algo jodidamente conmovedor.

Goblin fue uno de los discos más vendidos del 2011 y con su fama cambiaron sus letras porque afortunadamente la gente cambia y avanza. En Wolf, su tercer disco las letras dejaron esa oscuridad juguetona, provocativa y perturbadora, y siguieron con su lado más honesto. En algunas de las mejores canciones de los 2010s, Tyler ya no rapea sobre violar a embarazadas sino sobre la ausencia de su padre o sobre su recién adquirida fama.

Tyler, nacido en 1991, no habla sobre el ghetto o sobre vender drogas o sobre la pobreza (aunque la haya vivido), sino que habla sobre temas más generacionales y menos específicos a raza o clase.

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En julio, el rapero sueco de 18 años, Yung Lean, dio un par de conciertos en Estados Unidos, atrayendo la atención del New York Times que reseñó el concierto y hasta cierto punto, analizó el fenómeno del rapero escandinavo.

Frankie Pizá, de la web musical ConceptoRadio describe así a Yung Lean:

Un chico sueco, joven y aún en el instituto, exageradamente blanco y que de manera descarada falsifica el tipo de actitud que ha aprendido desde joven sentado delante del ordenador, combinándolo con las pasiones de su edad: vestido como un negrata, pañuelo en la frente y rebozado en imaginería virtual, rostros de Pikachu, vasos de corcho con codeína, referencias infantiles, manga y escenarios ultra-coloridos que parecen generados a partir del estado mental que genera la bebida Monster. [11]

De forma parecida, Jon Caramanica del NY Times mencionó la naturaleza teatral de Yung Lean, su forma de imitar los clichés clásicos del hip-hop. Pero más allá de eso, Caramanica destaca como con el paso del tiempo, Yung Lean ha dejado de ser “un comentarista en la forma” para convertirse en un “practicante.” [12]

Yung Lean ha trascendido la figura del imitador para crear su propia visión del hip hop, como una especie de espejo deformante, en el que barreras geográficas o raciales se difuminan. [12] Como en ocasiones hemos predicado en esta página, el artículo del NY Times señala la menguante relevancia de lo ‘local’, así como el declive de los medios como único vehículo al estrellato.

Este fenómeno también se ve reflejado en Antwon, un rapero de ascendencia africana/filipina de San José, California. Durante una época tuvo un medio beef con Yung Lean porque ambos llamaron a sus grupos ‘SadBoys‘, exhibiendo la “nueva sensibilidad del hip-hop” basada en la tristeza y, hasta cierto punto, la caricatura. [11]

A pesar de haberse criado en extremos casi opuestos del planeta, con una diferencia de edad de casi 10 años, ambos comparten esa visión triste pero paródica que sitúa un gran énfasis en palabras como “sentimientos” o “emociones” (posiblemente una reacción a haber crecido en una época en la que a los padres se les enseñó a valorar los sentimientos de sus hijos por encima de todas las cosas.[13])

Estos dos casos son ejemplos de cómo el hip-hop está cambiando su naturaleza; su forma y contentido han trascendido sus valores tradicionales (anclados a cierta identidad geográfica y racial), para esparcirse por el mundo, representando más a una generación que a un grupo étnico-social concreto.

No obstante, el rap no ha perdido su componente de crítica social, (de vuelta en los grandes medios gracias al semi-Dios Kanye West y su disco Yeezus), pero sí se puede afirmar que el hip-hop está intentando encontrar una nueva identidad, dejando obsoleto el antiguo dualismo entre ‘activismo afroamericano’ y ‘exótico estereotipo del camello de stripclub’ como únicos polos.

Es interesante ver como se desarrollan estos cambios, que rutas van tomando los distintos raperos, como aumentan los contrastes entre ellos — Jay Z y Kanye actúan en pasarelas de Victoria’s Secret [14] mientras Gucci Mane se pudre en una cárcel de Georgia [15] — y qué problemas puede traer el establecimiento de esta especie de aristocracia del hip-hop formada por multimillonarios que intentan conciliar (por ahora sin éxito) su lado empresarial con su lado artístico.

A los ejemplos de Tyler y Kanye como raperos capaces de tener un lado ‘emprendedor’ sin dejar de intentar superarse en lo ‘creativo’, se une el de Beyoncé, que al contrario que su marido, decidió sacar su disco sin ninguna alianza empresarial chunga y resultó ser uno de los mejores del año. Un disco que incluía algunos momentos bastante finos como el discurso de Chimamanda Ngozi Adiche en Flawless; no es muy común ver a cantantes de pop citando charlas de feministas nigerianas.

También será interesante ver como afecta esto al público original del hip-hop. Antes, el rap podía hablar de problemas con los que niños del ghetto se sentían identificados, ahora tener a Jay Z rapeando sobre Basquiat podría o alienarles completamente, o por otra parte, ofrecerles una esperanza de que hay un mundo más allá de vender droga.

Todo el discurso sobre cómo salir de la pobreza cambiaría viendo como Dre se ha hecho multimillonario empezando su propia empresa y no vendiendo mandanga.

Realmente no tengo nidea de cómo va a evolucionar esto. No se si los millonarios del rap adoptarán la persona del billonario caucásico y se dedicarán a jugar al golf y a invertir en Dubái o por el contrario aportarán algo novedoso al panorama. No se como afecta esto a los niños y niñas que viven en la pobreza marginal de EEUU: se verán excluidos por la riqueza de Jay Z y Dre, o por el contrario, se verán incentivados al ver que 50 Cent es millonario y que el presidente es negro.

Tampoco sé hasta que punto esto representa un éxito del modelo americano de “el individuo que llega a la cima por sí mismo”, o el éxito de una rebelión contra ese estado que pone tiendas de armas y alcohol en cada esquina del ghetto.

Lo único que está claro es que el hip-hop está evolucionando, en gran parte porque es uno de los ‘géneros’ que mejor se ha sabido adaptar a internet, y que por lo tanto, está absorbiendo y recreando las nuevas identidades que rulan por la #net, convirtiéndose quizá en el mejor reflejo de la generación actual.

Desde la profusión de mixtapes gratuitas en páginas especializadas tipo DatPiff, hasta la (ojo, palabra inventada) ‘meme-ificación’ de muchos de sus raperos o productores como Lil B, RiFF RAFF, Gucci Mane o Diplo, la unión entre internet y hip-hop ha sido casi total. Mientras que otros géneros siguen intentando sobreponerse a un problema tan dosmilero como es ‘la piratería’, el rap supo ver el potencial publicitario y experimental de la música gratis.

Afortunadamente vivimos en un siglo en el que es imposible decir simpleces cursis como “voz de una generación”, o mierda asi que resuma el pensamiento de millones de personas, pero creo que sí que se puede afirmar que el hip-hop es uno de los pocos ‘géneros’ populares que no depende y abusa de anacronismos y nostalgia, sino que avanza y evoluciona junto con gran parte de la sociedad internetil.

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