EL FUTURO DE LA ‘INDUSTRIA’: I

okei fologüers, empecemos con la chicha. en la primera edición tenemos a Mark Luva, productor y co-fundador/patrón de Sweat Taste, un sello nacido en Bilbao que por ahora solo edita en digital.

en la otra esquina, Antonia Folguera, de Sonar+D, la cabeza pensante del Sónar donde se plantea el futuro de la música.

al lío:

SWEAT TASTE / MARK LUVA

YV: cómo decidís el precio de la música?

En primer lugar, he de explicitar que hablo solamente en mi nombre. Lo aclaro por si suelto alguna perlada más allá del mero ejercicio de comunicación corporativa: en este asunto puedo inclinar demasiado a mi favor la balanza ideológica ahahaha.

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Ahora mismo, Sweat no tiene como propósito lucrarse. Recalco el factor temporal, ya que creo que es evidente que por nuestra estrategia -centrándonos más en material gratuito- buscamos otro tipo de objetivos. Lógicamente, no somos unos inocentes y buscamos profesionalizarlo y conseguir rentabilizar nuestro proyecto. Sin embargo, somos muy conscientes de que hemos tenido que reiniciar Sweat por cojones, por motivos varios, por ejemplo, el ritmo al que opera ahora todo este tenderete en el que estamos imbuidos (soundcloud, la industria transformándose y demás).

Por tanto, nos movemos más en términos de estrategia a largo plazo y estamos sedimentando otro tipo de cuestiones ahora mismo; la más evidente desde fuera puede ser la importancia que le estamos dando a la salida de material gratuito frente al de pago (claramente ligado a nuestros objetivos más a largo plazo).

La cuestión es que también nos gusta sacar EPs y esas cosas tradicionales, aunque estamos constantemente planteando mecanismos para darles salida de manera heterodoxa. Y su precio, o bien es más o menos simbólico -como en el caso de la línea Ghost Material, para diferenciarla del material explícitamente gratuito- o se consensúa con el artista (y normalmente éste decide el porcentaje que se lleva, que a veces da para comprarte una ruffles). Por eso ahora mismo nos interesa sedimentar otro tipo de factores de cara a la consecución de una posterior rentabilidad, más que mirar nuestro bandcamp con dolla eyes a día de hoy.

en un mundo ideal, cual sería la forma más justa de recompensar a los artistas? pagando por referencias, por conciertos, un sistema de suscripción/mecenazgo?

Creo que en una situación ideal, o al menos una en la que Sweat pueda mantenerse como una estructura cultural medianamente solvente -aunque funcione más a la manera de un sobresueldo a los curros de los miembros de la cúpula del sello-, los artistas decidirán el porcentaje que se llevarían de su trabajo. No nos gusta mucho que el patrón se lleve tu plusvalía ahahaha y Sweat, en definitiva, es un sello creado por productores para productores, más que un artefacto mercantil (muy cuestionable en caso de considerarlo tal). Por tanto, ya estamos trabajando más o menos como nos gustaría -en términos de relaciones de producción- a pesar de un evidente hiato económico entre la actualidad y lo que perseguimos a largo plazo.

Conseguir un mecenas que se interesase por el proyecto -más allá de de tratar con instituciones, que no lo descartamos- podría ser un buen medio para alcanzar esos objetivos estratégicos y poder recompensar no solo al artista de cada referencia concreta, sino también el trabajo detrás de las cámaras que hace el resto del equipo del sello. Ahora estamos a fuegote sin apenas cobrar, y tan agusto ahahah. Aún así, tendríamos que toparnos con alguien que, al igual que los artistas, sea cercano, le podamos considerar como miembro integrado del squad y aparte no se columpie y haga que abandonemos esas relaciones de producción más o menos justas en las que nos movemos. Ese puede ser el gran riesgo de atarte a un mecenazgo -también vía institucional-, pero si suena la flauta y lo conseguimos, palante.

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ANTÒNIA FOLGUERA / SONAR+D

YV: La industria musical actual está estancada y en declive: en qué dirección tendría que avanzar? qué nuevas formas deberían existir para recompensar a los artistas?

Según como se mire, a la industria musical le va la mar de bien. Cuando David Bowie dijo lo de que el en futuro la música estaría por todas partes, que abriríamos el grifo y saldría música, la industria tradicional se lo tomó en serio, y no ha tenido ningún problema en apostar por el streaming y en el acceso a millones de canciones “anytime, anywhere”. El problema es que este modelo es un simple ajuste tecnológico que no representa ningún cambio profundo en el sistema. Por suerte hay más plataformas ahí fuera, que no son propiedad de ninguna multinacional del disco (que yo sepa) que permiten jugar con unas reglas distintas.

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Para empezar está Youtube. Es la plataforma musical más grande del mundo. Allí está todo: novedades, discos descatalogados, discografías enteras, e incluso música que únicamente existe ahí (y esto es lo mejor)

Es el sitio donde van los cazatalentos en busca de “sangre fresca” y también es una plataforma donde artistas amateurs se hacen con una comunidad de fans e incluso monetizan sus videos, cosa que es realmente interesante.

Luego están plataformas de crowdfunding como Pledge Music, que buscan acercar a los artistas con su audiencia y ofrecen recompensas que van más allá de ofrecer al fan la típica copia del disco.

Bandcamp es una plataforma muy apreciada tanto por artistas como por fans, ya que permite a los primeros vender en cualquier formato y establecer su precio y a los segundos tener la certeza de que su dinero va directo al artista, a parte de ser una plataforma de descubrimiento super potente.

Plataformas y tecnologías las hay a patadas, y lo bueno es que cada cual puede usar la que le va mejor a su manera de trabajar. Los problemas están en las leyes, que cada país tiene las suyas en cuanto a royalties, en cuanto a derechos de autor y en cuanto a licencias. Se trata de normas hechas para el mundo físico que no sirven para el mundo virtual y las tecnologías en red.

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Últimamente se está explorando la posibilidad de usar la tecnología Blockchain (utilizada en criptomoneda) para certificar la propiedad intelectual de un archivo, pero también para monetizar la obra. Es la solución tecnológica que permitiría usar redes P2P, sin que la autoría de la obra se perdiera en el ciberespacio y al mismo tiempo retribuir al artista (explicado rápido y mal)

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