LOS FESTIVALES Y LA MUERTE DEL OCIO INDEPENDIENTE

State your name cuz!
STORMZY init.
What we doing today?
Rapping init
Yeah, fucking rapping,
Yeah fire in the park, let’s go!

-‘Shutup’, Stormzy, 2015

Imagina un brunch nómada capaz de convertir los domingos en tu nuevo día favorito de la semana. Empieza tu visita descubriendo las novedades de los diseñadores emergentes más cool de la ciudad, disfruta con los más pequeños de las actividades y talleres que hemos preparado para ellos y carga energía en nuestros food trucks y stands de comida antes de bailar al ritmo de la mejor música electrónica.

-‘Brunch In The Park’, 2016

Compara como sería tu fiesta de cumpleaños con 6 y 16 años.

Con 6 tienes una vaga idea de lo que buscas: estar con tus amigos, jugar, recibir regalos. La organización depende completamente de tus padres. Tu les comunicas tu vaga idea de diversión y ellos lo tomarán en cuenta a la hora de hacerte la fiesta. Ésta dependerá de muchos factores como el dinero o tiempo que tengan. Cualquier decisión que tomen te la disfrazarán de logro o de entretenimiento. Al fin y al cabo eres un ser inocente, rechoncho y pequeño y tus padres quieren protegerte de sus desgracias económicas, de malas noticias o de decepciones. Ellos estarán ahí contigo durante la fiesta para asegurarse de que todo sale bien.

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Cuando tienes 16 años la fiesta cambia. No la organiza tus padres: se organiza en la ausencia de tus padres. Con o sin su consentimiento, pero definitivamente sin su presencia. La fiesta cuando tienes 16 años es autogestionada: depende de ti y de tus amigos, de vuestro tiempo y del dinero que consigáis reunir. La música, la bebida, el lugar, los invitados dependen de vosotros y vuestras limitaciones.

La fiesta cuando tienes 16 años es una incursión al territorio de la edad adulta: posiblemente haya alcohol, vómito, tabaco, sexo, drogas, sangre, cristales rotos. No será violenta, pero habrá accidentes porque son casi inevitables. Toda responsabilidad será propia: será una de las primeras experiencias en las que te das cuenta de que eres dueño de tus actos, para bien y para mal.

Britney in leopard

Uno pensaría que a los 26, el ocio avanzaría por la línea de tu adolescencia: tu (creciente?) independencia económica te permitiría aún mayor control sobre tus fiestas, sobre tu diversión.

En vez de eso, se produce una regresión a la infancia.

A priori, los festivales de música son el apoteosis de la cultura juvenil. Es un lugar donde la gente joven se reúne y se divierte. Hay gafas de sol y coronas de flores, no pantunflas y canas. Es casi exclusivamente para ‘gente joven’.

La música es una forma de comunicación, y por lo tanto es inseparable de estructuras de poder. Donde hay comunicación hay organización, y donde organización, poder.

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Hoy vemos la música como algo esencialmente benévolo: una forma de unir a las personas entorno a sonidos armónicos. No obstante, es una visión parcial e incompleta. Si fuese ar que en los sótanos de Abu Ghraib se pusieran canciones de Christina Aguilera a los presos como tortura, o que en los campos de concentración Nazis se usaran polkas como banda sonora para los crematorios:

Todo sonido es potencialmente violento y puede ser empleado como arma.

Hasta la sintonía del dinosaurio Barney se usó en interrogatorios de Guantánamo.

Gente joven en un parque escuchando música de unos altavoces portátiles pueden ser vistos como amenazantes o como un problema. Seguramente produzca cierta inquietud a la comunidad de vecinos tener cerca a personas escuchando sonidos fuera de su control y comprensión. No es necesariamente motivo para mudarse, pero sin duda preferirían que no pasara.

El ocio juvenil entraña una estructura de poder que existe dentro, pero independiente, del orden que nos gobierna. La fiesta en casa de tu amiga existe dentro de las leyes de tu ciudad, pero todo lo que ocurra dentro de esa fiesta, lo decidís vosotras. Es un lugar que existe gracias al mercado pero que no contiene un mercado: compras el alcohol del súper pero no se lo vendes a tus amigos. Es un nicho de independencia.

Esta estructura, al ser ligeramente paralela, no puede ser monetizada. Ninguna marca gana dinero con la fiesta que has hecho en casa de un colega.

El festival del siglo XXI está centrado en destruir todo lo que constituye el ocio juvenil y te devuelve al ocio de tu infancia.

Se interpretan tus gustos para crear una oferta fuera de tu control, cuyas limitaciones o características se venden como virtudes. Los sonidos extraños que escuchan en el parque se domestican, monetizan y se incorporan a las sanas estructuras del poder central:

La influencia del mercado se expande hasta empapar cada ápice del festival. Por cierta cantidad de dinero podrás ir aumentando tu ‘experiencia’ de festival. Incluso si no necesitas lujo VIP, cualquier tipo de transacción que hagas, por mínima o absurda que sea, sera monitoreada gracias al sistema Cashless, que se usará para extraer beneficios de tu mera existencia en la economía del festival.

La mínima independencia de la que podías disfrutar bebiendo y escuchando música con tus amigos es amarrada y sujeta firmemente por personas que ni son tus amigos, ni de tu edad, ni piensan en tu bienestar.

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El potencial subversivo o ritual de tu música es apropiado, aguado y empaquetado por las marcas que quieran hacerse fuertes entre #millenials.

Vuelves a la fiesta de cuando tenías 6 años, solo que esta vez imagina que tus padres te cobrasen y decidiesen cuánto se van a esforzar en función del beneficio que puedan extraer.

La popularidad y multiplicidad de festivales son precisamente la señal de que el ocio juvenil ha muerto. Son un enorme monumento a la conquista de la independencia por parte del big-data y las corporaciones amables. Representan la rendición de control por parte de la gente joven a un grupo de técnicos y accionistas que decidirán por ti, a cambio de dinero.

La perpetua persecución de un cartel ‘mejor y más grande’ conlleva un mensaje velado: tu ocio esta fuera de tu control. Cuanto más grande el festival, cuánto mejor sea, mayor la evidencia de que eres incapaz de organizar y pagar algo así. No solo se deslumbra al cliente, se le hace ver insignificante.

Los festivales son un monumento a la desaparición del ocio juvenil.

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2 comentarios en “LOS FESTIVALES Y LA MUERTE DEL OCIO INDEPENDIENTE

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