LOS YOUTUBERS APESTAN

Este mes en Madrid, Samsung estrenó una especie de festival llamado “MadFun”, porque alguien en el 2014 descubrió que “MAD” significa ‘l0ko’ en inglés y además son las 3 primeras letras de ‘Madrid’ y desde entonces estamos pagando el precio de semejante mierda.

#cretividad

El tema es que el MadFun no es el enésimo #festivalito_wapo para ir con tu crü a escuchar al equivalente actual de Foster The People: MadFun es un festival de YouTubers.

Los YouTubers son personas más mayores de lo que parecen que invierten la mayor parte de su tiempo grabando vídeos en YouTube. Son un fenómeno relativamente polémico porque son recientes y su humor es difícil de disfrutar si se tiene más de 16 años.

El tema es que normalmente, si a alguien le apestan los YouTubers se le encasilla en el grupo de haters, formado característicamente por padres o gente demasiado mayor para ‘pillarlo’.

AFRICAN WILD DOG
ilustración

Ante esa situación, mucha gente en la temprana veintena se niega a meterse con los YouTubers porque teme parecer fuera de onda. Si lo que le mola a la gente joven es #cool, lo que le mola a gente MUY joven es MUY cool? Hay un gráfico edad/molonidad que traza una línea descendiente?

A menudo usan argumentos como “a ver, a mi no me molan pero hay que reconocer que han creado un nuevo lenguaje y que conectan con los chavales” o teorías por el estilo.

La argumentación principal parece girar entorno a “tienen éxito, por lo tanto tienen algún mérito, por lo tanto no puedo oponerme”.

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El éxito de los YouTubers se ve como algo orgánico, como algo profundamente democrático y popular: tienen muchas visitas y como a la gente le gusta, se han hecho ricos. Se ve como algo sorprendentemente puro en nuestro mundo de corrupción económica, política y moral.

“Puede que no seas fan de los YouTubers pero hay que reconocer y admirar su éxito puro alimentado por las sonrisas de millones de niños.”

Aquellos un poco más atrevidos querrán ver algún tipo de nuevo ‘lenguaje audiovisual’ en sus vídeos y justificarán su simpatía con algún tipo de teoría pseudo_artística sobre el ‘ritmo’ de sus vídeos o el increíble ‘montaje’, y básicamente se verán sobrecogidos por una especie pavor social/generacional que los hará renegar y borrar de su memoria toda la tradición de dibujos animados que consumieron a lo largo de sus vidas y que usaba exactamente el mismo ‘lenguaje_#audiovisual’.

“Puede que no te molen los YouTubers pero hay que admitir que han creado un lenguaje audiovisual que solo existe en internet y es super moderno”

Pero cuando llegan eventos como el MadFun se pueden ver algunas grietas sospichosas:

Las entradas para los dos días del festival ascendía a 68 euros y aquellos de 16 años o menos (el target principal de los YouTubers) tenían que ir acompañados de un adulto. Los niños son quizá el mejor mercado porque sus entradas siempre cuentan doble: un niño no puede ir solo por lo tanto algún adulto tendrá que pagarse otra entrada.

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En el vídeo de un YouTuber, una madre de 50 años reconoce haberse gastado 600 euros en el MadFun. Pagó tres entradas (su hija y una amiga + la suya) plus un montón de “meet & greets”: un encuentro con tu YouTuber favorito por otros 68 euros. La señora cuenta que ahorró durante 2 años para tener esos 600 euros.

Los YouTubers ganan dinero a base de hablar de productos en sus vídeos: desde videojuegos a maquillaje, pasando por comida, ropa o cualquier comodidad que pueda ser explicada a través de una cámara. Distintas marcas pujan y compiten por la lealtad de los YouTubers, por contratos que los obliguen a mencionar/hablar/sacar o esencialmente  p u b l i c i t a r  su producto.

Este hecho es algo de lo que todo el mundo es consciente, fans, Youtubers y haters; pero debe contener algo ligeramente incómodo porque nunca se habla de los patrocinios con neutralidad sino a la defensiva. Un YouTuber no tiene problema en hablar de cómo gana dinero, pero siempre tiene que matizar o disfrazar sus palabras:

“Claro, así me gano la vida, pero nunca hablaría de un producto que no me gustase / nunca haría algo que no interesase a mis fans / nunca trabajaría para una marca que no me hiciese infeliz.”

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El YouTuber no disimula ni oculta que su trabajo es publicitar comodidades a su público, pero no es como los otros, lo hace pensando en su público…. algo que es básicamente indistinguible de lo que hacen las marcas.

Por lo tanto, en el momento en el que la afiliación entre YouTuber y marca es tranquilamente expuesta, la cuestión de su éxito entra en crisis.

Es decir, en el momento en el que #monetiza su #contenido, el YouTuber pasa de ser otro adolescente haciendo vídeos en su cuarto, a ser una herramienta de varias marcas que han invertido dinero en él. Lógicamente, ninguna marca quiere perder su inversión, por lo tanto se aseguran que el contenido del YouTuber (esencialmente, el anuncio de su marca) se vea tantas veces y en tantos lugares como sea posible.

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Así que el éxito orgánico de los Youtubers, a menudo disfrazado por la inocente y simpática frase de “es increíble como un día estaba haciendo el idiota enfrente de mi cámara y al siguiente era una estrella mundial”, oculta el papel que han jugado varias empresas y corporaciones. Un Youtuber no se hace famoso por arte de magia sino gracias al patrocinio de las marcas que aconsejan, dirigen, promocionan y distribuyen su contenido.

Pero sinceramente, bien por ellos no? Es decir, las marcas necesitan publicidad y los youtubers dinero, qué hay de malo en que se ayuden? No hay nada ilegal en todo esto.

Y es verdad, no hay nada ilegal en todo eso y mi teoría apesta a pataleta de hater que, a pesar de ser menor que #elrubius y los principales youtubers españoles, ‘no pilla’ su #contenido.

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Pero volvamos a la ecuación del principio que usa mucha gente: “tienen éxito, por lo tanto deben de tener algún mérito, por lo tanto no puedo oponerme”.

En el momento en el que su éxito es manufacturado, inflado y semi-ficticio, su mérito también cae en el entredicho.

Es decir, el YouTuber pasa de ser una especie de místico ‘creador digital’ en la vanguardia de las formas y el lenguaje para pasar a ser, esencialmente, un payaso patrocinado: un adulto que se disfraza y actúa de forma exagerada para entretener a niños, pero con varios logotipos impresos sobre su traje de payaso.

Es como si el payaso de las fiestas de cumpleaños infantiles se presentase llevando un mono lleno de logotipos como el de un conductor de F1 e interrumpiese sus números de vez en cuando para recomendar los productos de sus patrocinadores.

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El YouTuber es básicamente un juglar privatizado, no al servicio de la Corona sino de varias empresas privadas, que se gana la vida practicando una publicidad que desdibuja la fina línea entre marketing y extorsión.

Porque sinceramente, en el momento en el que padres se ven forzados a ahorrar 600 euros durante años para que su hija pueda estar en la presencia de una persona, hay algo perturbadamente jodido en el asunto.

Los YouTubers han conseguido rellenar un nicho previamente vacío: el payaso para adolescentes. Un papel antaño reservado a actores como Adam Sandler y aislado en la pantalla del cine o el televisor, ahora cobra vida frente a nosotros en festivales de 70 euros la entrada.

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Pero ey! usan cortes rápidos y causan furor entre gente que todavía no tiene el graduado escolar, deben de molar! Y qué tiene de malo que se manipule a niños para que le saquen dinero a sus padres! es la nueva moda perdedor!

Así que para concluir esta pataleta, bien por ti si te molan los Youtubers y te parecen increíblemente modernos y transgresores, pero si no te convencen, no tengas miedo, en YV estamos contigo y te apoyamos a salir de tu amable silencio y a unirte a nuestra yihad contra los YouTubers de éxito.

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4 comentarios en “LOS YOUTUBERS APESTAN

  1. Gracioso el comentario de Alberto, no critica nada de lo que dices, simplemente se fija en si tiene éxito o no. Ésa es la triste ‘cultura’ youtuber, la de los likes y los comments.

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