LA DESAPARICIÓN DEL ‘PERIODISMO MUSICAL’

El otro día encontré por Twitter un resumen de la típica ‘mesa redonda’ sobre ‘el estado del periodismo musical’ o una vaina asi. Si eres un pervertido/a (como probablemente seas porque estás aquí), no te sorprenderá que existan ese tipo de mierdas: un puñado de personas con +2k followers en Twitter se reúnen para analizar qué onda con ‘el periodismo musical’, rollo ministros decimonónicos que se citan en una mansión suiza para decidir ‘qué hacer con el Alto Volta’ o una mierda así.

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La pregunta en la cabeza de esta gente es algo tipo ‘quienes somos como periodistas musicales, que sentido tenemos y donde vamos’. Es una versión gremial del existencialismo individual y privado en el que nos cuestionamos en momentos de silencio oscuro: “que mierda estoy haciendo con mi vida”. Pues igual pero con moderador y micrófonos.

El tema es que el ‘periodismo musical’ ni tiene futuro ni lo tuvo nunca. Por eso se crean estos cónclaves y reuniones de emergencia, para comprobar si el temido final ya ha llegado o todavía no: “qué pensáis vosotros sobre el tema xavales? Entregamos las armas?”

El periodismo musical siempre ha existido en función de la industria musical: si hay algo que vender, alguien tendrá que escribir sobre ello. Mientras se empaquetasen y vendiesen CDs/vinilos/cassettes, un puñado de licenciados tendría que reseñarlos, analizarlos y anunciarlos.

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Esa es la principal y única función del ‘periodismo musical’: ser la guía del consumidor en el mercado musical, que te lleva de la mano por los puestos y te dice qué es bueno y que no, qué es nuevo y qué es vintage; qué comprar y qué no.

Quitándole toda la retórica que lo rodea, el periodismo musical es esencialmente un vertedero de notas de prensa; una extensión autónoma de los órganos de comunicación de las discográficas. Y en casos más evolucionados tipo VICE, una inversión a fondo perdido que haces para posicionar tu marca en determinado nicho #trendy.

En general, es un periodismo que existe mientras exista un mercado de comodidades. Con el desplome de los CDs y la osificación de los vinilos en un nicho estanco, el mercado ha encogido hasta ser casi insignificante; y con él el periodismo musical.

Por lo tanto, nadie necesita un guía que te diga qué disco es bueno y cual no porque ya no estás buscando discos. La prensa musical lógicamente está desapareciendo.

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“Pero cómo haremos para distinguir lo bueno de lo malo! Lo que apesta de lo que pondremos on repít! Lo que escuchan los perdedores de lo que escuchamos los influencers! Qué será de aquellos de nosotros que somos débiles y necesitamos la validación de nuestro entorno virtual/ghetto algorítmico?!”

Pues, por entrar en la especulación ciencia-ficción que es lo que más mola, es probable que la ‘nueva prensa musical’ desemboque en un cruce entre Spotify e Instagram, donde seguiremos a banda en función de sus listas de reproducción. Todavía no existe un único medio realmente hegemónico en el rollo ‘lista de reproducción’ pero Spotify, YouTube y Apple llevan tiempo peleando por ello y probablemente se impondrá alguno dentro de poco. O quizá el periodista-youtuber compartirá sus listas en todas las plataformas simultáneamente.

Si el nuevo mercado son las reproducciones y la recolección de datos que vender a empresas de publicidad, el futuro ‘periodismo musical’ tendrá que estar a su servicio. Tendrá que ayudar al consumidor a navegar los infinitos catálogos de Spotify/Apple/Soundcloud/YouTube y mover el flujo de reproducciones en la dirección del mayor postor.

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navegando el ciberespacio

Tendrá que encontrar su lugar en algún punto entre celebridad de Instagram y locutor de radio; lo que está claro es que el negocio escrito tiene cada vez menos sentido. No hay necesidad de reseñar productos sino de aumentar los números de reproducciones, y eso solo se consigue callándote y dandole al play.

Por supuesto, en el mundo anglosajón seguirán existiendo algunos medios de análisis musical, con contenido realmente chichoso, interesante y escrito, pero existirán por el capricho de aquellos que se beneficien cosechando reproducciones.

En España seguramente no será pa tanto: el periodismo musical en español nunca ha significado nada para nadie ni aportado nada, asi que eso que nos libramos. Con suerte para el 2020 dejaremos de escuchar la pregunta “qué es el trap?” en absolutamente todas las entrevistas.

Pero para resumir el tema es ese: el ‘periodismo musical’ escrito está en vías de extinción y es algo que deberíamos haber sabido desde el principio. Si estás en la facultad y todavía no has tenido oportunidad de lucrarte, nunca es tarde para cambiar de carrera.

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